Debo confesar que la primera vez que vi ‘Las Crónicas de Narnia: El León, la Bruja y el Armario’, el resultado fue una siesta bien larga hacia la mitad de la película. Con el tiempo, y tras haberla visto un par de veces puedo decir que es una de las mejores películas fantástico-infantiles de los últimos años. Claro está, después de soportar ‘La Brújula Dorada’, ‘Las Crónicas de Spiderwick’ o ‘Los Seis signos de la Luz’.
‘Narnia’ prometía una nueva saga cuya espectacularidad avanzaría según las secuelas.
Mi expectación ante la secuela se ha venido alimentando de trailers y trailers que mostraban lo épico de su puesta en escena. Con hambre de nuevos films a lo Tolkien, la segunda entrega del universo de C.S. Lewis se postulaba como un buen aperitivo, aunque dentro siempre del género infantil, público al que va dirigido este producto de Disney que aspiraba a romper taquillas como su antecesora. Sin embargo, el batacazo en el box office ha sido sonado (135 millones hasta la fecha), y ahora comprendo el porqué.
‘Las Crónicas de Narnia: El Principe Caspian’ es aburrida, y lo digo de carrerilla para que no se me atragante mi decepción manifiesta. Muy por debajo de la primera entrega y con un desarrollo realmente tedioso, la película sólo se salva por sus decorados espectaculares y su fotografía impecable, pero el resto es un desperdicio de talento y de intenciones. Cuando se lanzan secuelas con el único propósito de para recaudar millones, ocurren estas cosas.
Ha pasado un año desde que Lucy, Edmund, Peter y Susan dejaran Narnia y tras un misterioso conjuro, todos volverán a esta tierra, la cual ha sufrido grandes cambios. Tras la invasión de los Telmarinos, los narnianos viven escondidos y su gloria arrasada. Cuando el Príncipe Caspian huye de una muerte segura se topa con los fantásticos habitantes que lo conducirán hacia la profecía escrita: él los liberará para siempre.
Dudo mucho que la novela original tenga tal desbarajuste como lo tiene el guión. Con Potter, y líbreme dios de comparar, el traslado del libro al cine se suele hacer con menos impacto en la historia, dejando siempre el germen de lo que ocurre y dejando atrás detalles que no afectarán a sus secuelas. Sin embargo, esta secuela hace gala de un desarrollo tan atolondrado que es imposible que C.S. Lewis lo ideara de dicha manera.
Así, los personajes secundarios están tan mal aprovechados y atropelladamente presentados que apenas queda en la memoria del espectador quien o quienes han pasado por la historia, a excepción de una rata que se hace realmente pesada. A su vez, los héroes que conocíamos de la anterior entrega han desaparecido del mapa, sin darse explicación alguna sobre su destino y haciéndose referencias demasiado fugaces para quienes no tenemos dominado este universo Lewis, y lo peor de todo: el Príncipe Caspian es un cero a la izquierda al que eclipsa Peter y que finalmente no es tan centro del film como su título indica.
Creo que finalmente el producto ha podido con su director Andrew Adamson y tras dirigir el primer capítulo de la saga, la pretenciosidad de su secuela es consecuencia directa de las expectativas del estudio. La película carece de sencillez alguna, enrevesando tramas y metiendo escenas que no llevan a ningún sitio, con el único objetivo de alargar el metraje, lo cual es directamente proporcional al aburrimiento que genera no avanzar hacia un puerto concreto.
Tras un arranque magnífico que presagia la confirmación de la franquicia, todo desemboca minuto a minuto en un batiburrillo entre ‘El Señor de los Anillos’ y el peor folletín de adolescentes, y en este último punto ‘Caspian’ encuentra el motivo de su fracaso, y es que es demasiado cruel para ser una película familiar. La escena de la toma al castillo de Rey Miraz es demoledora, difícil de comprender para los niños, y la traca final es una muestra gratuita e innecesaria de un duelo a muerte. A ver cómo se come eso un crío de entre 7 y 12 años.
Pero no todo va a ser malo, porque si no se hubiera hundido tanto o igual que ‘Speed Racer’, y es que ‘El Principe Caspian’ tiene tanto potencial que la espectacularidad de su ambientación y localizaciones suele tapar una falta absoluta de ritmo y continuidad en el guión. No es la mejor película de acción del año, eso seguro, pero sí la mejor del 2.008 en su género, o al menos hasta que se estrene el mago en Noviembre, y eso lo consigue a base de una coreografía cuidadísima en el ataque final a los Narnianos y una recreación perfecta de lo que pudo ser Narnia para aquellos que no hemos leído ni un sólo libro.
Como blockbuster veraniego, de consumición palomitera y con ganas de pasar la tarde en el cine con los chiquillos, ‘Las Crónicas de Narnia: El Príncipe Caspian’ es un valor seguro.
‘Narnia’ prometía una nueva saga cuya espectacularidad avanzaría según las secuelas.
Mi expectación ante la secuela se ha venido alimentando de trailers y trailers que mostraban lo épico de su puesta en escena. Con hambre de nuevos films a lo Tolkien, la segunda entrega del universo de C.S. Lewis se postulaba como un buen aperitivo, aunque dentro siempre del género infantil, público al que va dirigido este producto de Disney que aspiraba a romper taquillas como su antecesora. Sin embargo, el batacazo en el box office ha sido sonado (135 millones hasta la fecha), y ahora comprendo el porqué.
‘Las Crónicas de Narnia: El Principe Caspian’ es aburrida, y lo digo de carrerilla para que no se me atragante mi decepción manifiesta. Muy por debajo de la primera entrega y con un desarrollo realmente tedioso, la película sólo se salva por sus decorados espectaculares y su fotografía impecable, pero el resto es un desperdicio de talento y de intenciones. Cuando se lanzan secuelas con el único propósito de para recaudar millones, ocurren estas cosas.
Ha pasado un año desde que Lucy, Edmund, Peter y Susan dejaran Narnia y tras un misterioso conjuro, todos volverán a esta tierra, la cual ha sufrido grandes cambios. Tras la invasión de los Telmarinos, los narnianos viven escondidos y su gloria arrasada. Cuando el Príncipe Caspian huye de una muerte segura se topa con los fantásticos habitantes que lo conducirán hacia la profecía escrita: él los liberará para siempre.
Dudo mucho que la novela original tenga tal desbarajuste como lo tiene el guión. Con Potter, y líbreme dios de comparar, el traslado del libro al cine se suele hacer con menos impacto en la historia, dejando siempre el germen de lo que ocurre y dejando atrás detalles que no afectarán a sus secuelas. Sin embargo, esta secuela hace gala de un desarrollo tan atolondrado que es imposible que C.S. Lewis lo ideara de dicha manera.
Así, los personajes secundarios están tan mal aprovechados y atropelladamente presentados que apenas queda en la memoria del espectador quien o quienes han pasado por la historia, a excepción de una rata que se hace realmente pesada. A su vez, los héroes que conocíamos de la anterior entrega han desaparecido del mapa, sin darse explicación alguna sobre su destino y haciéndose referencias demasiado fugaces para quienes no tenemos dominado este universo Lewis, y lo peor de todo: el Príncipe Caspian es un cero a la izquierda al que eclipsa Peter y que finalmente no es tan centro del film como su título indica.
Creo que finalmente el producto ha podido con su director Andrew Adamson y tras dirigir el primer capítulo de la saga, la pretenciosidad de su secuela es consecuencia directa de las expectativas del estudio. La película carece de sencillez alguna, enrevesando tramas y metiendo escenas que no llevan a ningún sitio, con el único objetivo de alargar el metraje, lo cual es directamente proporcional al aburrimiento que genera no avanzar hacia un puerto concreto.
Tras un arranque magnífico que presagia la confirmación de la franquicia, todo desemboca minuto a minuto en un batiburrillo entre ‘El Señor de los Anillos’ y el peor folletín de adolescentes, y en este último punto ‘Caspian’ encuentra el motivo de su fracaso, y es que es demasiado cruel para ser una película familiar. La escena de la toma al castillo de Rey Miraz es demoledora, difícil de comprender para los niños, y la traca final es una muestra gratuita e innecesaria de un duelo a muerte. A ver cómo se come eso un crío de entre 7 y 12 años.
Pero no todo va a ser malo, porque si no se hubiera hundido tanto o igual que ‘Speed Racer’, y es que ‘El Principe Caspian’ tiene tanto potencial que la espectacularidad de su ambientación y localizaciones suele tapar una falta absoluta de ritmo y continuidad en el guión. No es la mejor película de acción del año, eso seguro, pero sí la mejor del 2.008 en su género, o al menos hasta que se estrene el mago en Noviembre, y eso lo consigue a base de una coreografía cuidadísima en el ataque final a los Narnianos y una recreación perfecta de lo que pudo ser Narnia para aquellos que no hemos leído ni un sólo libro.
Como blockbuster veraniego, de consumición palomitera y con ganas de pasar la tarde en el cine con los chiquillos, ‘Las Crónicas de Narnia: El Príncipe Caspian’ es un valor seguro.

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada